En búsqueda de la malvasía roja

Foto de cabecera: Llibert Teixidó

Las casualidades siempre existen

Me fijo en su etiqueta, y en su nombre, en sus colores y en su composición. El diseño deja el nombre muy evidente: Tardatio.

-¿Y qué significa la etiqueta? – pregunto.

-Si te fijas bien, la etiqueta está compuesta por cuatro partes, una circunferencia que dibuja cuatro cuadrantes. Estas partes simulan las estaciones, por todos los momentos que pasa la viña, que en realidad, es lo más importante del proyecto.

Me crucé por casualidad con el Tardatio, un día de camino a casa. Pasaba por La Vinícola, una tienda especializada en vinos de Barcelona, y Víctor me habló del proyecto. Jordi Raventós era el viticultor y desde hacía algún tiempo estaba trabajando exclusivamente en su viña, su variedad más representativa: la malvasía.

No tuve más remedio que seguir dos pasos obvios después de la conversación: primero comprar una botella de esa malvasía de Sitges que prometía ser fresca y conservar la esencia de la variedad, y en segundo lugar conocer el proyecto que se basaba en la recuperación de una variedad de la que no había oído hablar: la malvasía roja.

Lluvia, fango y viña

Un domingo, me dirigí a visitar el proyecto. Antes de salir pensábamos que no sería posible porque creo que nunca he visto llover tanto en tan poco tiempo. La llegada al lugar, una montaña rusa de un parque acuático, y aunque generalmente siempre me pierdo, aquella vez parecía que seguir el cauce del aguacero nos estaba llevando a buen puerto.

Justo aparcando, cogí el móvil. Tenía un mensaje de Jordi que decía “¡Si no habéis salido, coged un par de botas porque hay mucho fango!”. Leo el mensaje tarde, pero soy precavida, llevo las botas conmigo.

He hablado bastante con Jordi antes de la visita, le he explicado un poco lo que me gustaría que habláramos, nos hemos enviado múltiples whatsapp, y entre los últimos un pequeño vídeo dónde enseñaba cómo injertar a sus sobrinos, un momento adorable. Es una gran parte del trabajo que está realizando, multiplicar las variedades que quiere elaborar a través del reinjerto.

Encajar agendas ha sido muy complicado, finalmente nos encontramos en domingo. Me comenta que trabaja de lunes a sábado, y algunos domingos también, es decir trabaja siempre. Justo ese mismo sábado tenía un curso de apicultura porque le gustaría incorporar las abejas a su proyecto, un paso más en la recuperación integral del terreno.

Llegamos muy temprano  y Jordi nos sonríe:

-Os he preparado el desayuno, pero tendréis que disculparme. Mis sobrinos todavía están desayunando.

Estoy contenta, van a estar con nosotros los dos pequeños injertadores.

Dónde nos reunimos es la casa de sus padres, es la finca que está justo al lado de las viñas. La construcción de la bodega está en proceso, de momento vinifica en una bodega vecina, así que ya nos avisa, “lo que vais a ver es viña”, y en realidad es lo que más nos gusta. Está preocupado porque no veamos la viña resplandeciente porque sólo hay pequeños brotes, pero le digo que no se preocupe, la época de descanso, el invierno, es también una época genial para pisar el terreno. El silencio, el brote de las primeras hojas me emociona especialmente, y creo que va a ser un día de esos.

Clos, guarà y malvasias

Mientras desayunamos, y esperamos a que pare de llover un poco, nos empieza a explicar el proyecto. Clos dels Guarans nace como su proyecto personal después de haber trabajado en otros, con alto nivel de exigencia y responsabilidad. Repartir su energía no le hacía feliz del todo, porque creía que él debía seguir su propio camino, trabajar con las variedades en las que creía y apostar por lo más sincero, volver a su origen y a lo que le enseñó su abuelo. La generación de su padre, generación de los 60, fue aquella que quedó en el Penedés un poco desarraigada de la elaboración del vino. El trabajo mal pagado y la compra-venta de uva para que grandes elaboradores hicieran sus vinos, hicieron que muchos de ellos buscaran otro oficio, y es el caso del padre de Jordi.

Él, por el contrario, pertenece a esa generación joven que durante los últimos años han ido rehaciendo el Penedés. Dando especial énfasis a mostrar la cara más sensible de la zona. Tiene 29 años, pero se dedica desde los 18 a la viticultura. Su proyecto se está gestando desde el 2009 y ahora saca al mercado su segunda añada. Ha pasado de hacer 450.000 botellas al día para otros, a hacer en total menos de 5.000 para él, un cambio notable. La malvasia de Sitges la acabó de plantar en el 2011 y la malvasia roja la ha acabado de plantar este año. Ahora tiene 50%, más o menos, de cada variedad, pero su idea, y después de ver los resultados de la roja será reinjertar en esta, toda su viña. Esto nos muestra que la aventura sólo acaba de empezar.

Sus viñas están ubicadas en el Massís del Garraf (Penedès), Clos dels Guarans pretende ser lo más fiel al terroir. Guarà es una raza autóctona de burros catalanes (de las más grandes a nivel europeo), que hace unos años estuvo a punto de extinguirse. Así que todo va encajando, un proyecto donde todas sus partes van en la línea de la recuperación, mires dónde mires. Tiene 5ha, pero tienen el trabajo de 10, porque lo hace todo él, poda de la primera a la última cepa. Hablamos de los diferentes roles que configuran el mundo vinícola y de cómo muchas veces esa diferenciación ha llevado a un desconocimiento entre partes, que influyen directamente en el resultado. No es lógico que un enólogo no quiera conocer la viña donde nace parte de su trabajo, así como tampoco es lógico que un viticultor desconozca todo lo que se hace dentro de la bodega. Jordi lo tiene claro, tiene todos los conocimientos para cerrar el círculo y formar parte en todo el proceso.

Ya hace rato que hemos dejado el comedor, y estamos paseando por la viña, nos explica con detalle las variedades, está especialmente interesado en saber la máxima información del origen de cada una de ellas. La investigación es clave para el progreso y la observación también. Laia, su mujer, nos acompaña durante la visita y nos dice lo difícil que le resulta delegar el trabajo:

-Siempre lo quiere hacer él todo, porque cuando lo hacen los demás siempre le parece que hay pequeños defectos.

El reconoce abiertamente que es así, pero también es consciente que en esta vida o aprendes a confiar en aquel que te ayudará a crecer o resulta imposible avanzar.

Nos explica que en realidad,  la malvasía de Sitges viene de Cerdeña, lo que nos lleva a hablar de lo que hoy en día consideramos variedades autóctonas, y discutimos un poco al respecto. La corriente actual de la recuperación muchas veces no tiene una base muy sólida, ya que en algunos casos hay dudas y falta exactitud en el estudio del verdadero origen. Hay una delgada línea entre qué variedades son una mutación de otras y cuáles no. Hubo un tiempo en que se hicieron muchos cruces para crear variedades más fuertes y resistentes, y es muy difícil saber dónde empieza una y acaba otra.

Jordi recuerda como un día paseando con su abuelo por la viña, le decía que en el Penedés siempre había habido malvasía roja, conviviendo con el xarel·lo vermell y otras variedades que hoy consideramos recuperadas. Dice que en un documento datado del 1970, había leído sobre esta variedad, así que quizás ya existía mucho antes. En la mayoría de casos se habla de extinción de variedades debido a la filoxera. Él sostiene que no fue esta la que acabó con todas las variedades, sino que muchas veces había servido de excusa. Cuando la filoxera arrasó Francia, Cataluña plantó todas aquellas variedades que encajaban para abastecer al mercado, acabando así con algunas pruebas de variedades antiguas.

Coincidir con la doctora María Francesca Fort Marsal, que trabajaba en la investigación de variedades en la Universidad Rovira i Virgili, le abrió un abanico de posibilidades muy grande. Fue ella la que le ayudó a encontrar la malvasía roja, que viene de Tenerife, lugar que ha conservado muchas variedades históricas. Dio con un viticultor que tenía tres cepas en su viña, allí muy escondidas, le envió un esqueje y el empezó a hacer la multiplicación. De veinte, sobrevivieron diez, y así poco a poco ha configurado las 2,5ha que tiene actualmente. De este pequeño trocito de tierra, saldrán al mercado menos de 800 botellas, pero que le posicionarán en el punto de mira de la curiosidad de muchos.

Hablando con él, se nota que es una persona muy reflexiva, medita cada paso que da antes de avanzar, sabe que el éxito de ir por el buen camino es ir pisando poco a poco ese mismo camino. Todo tiene un por qué, nada es casual, la recuperación de variedades minoritarias es casi una obsesión.

También hemos visitado toda la obra que están haciendo para la futura bodega, todo escavado bajo tierra y todo escavado por ellos.

-Todo el mundo nos decía que estábamos locos.

Y la verdad, viendo lo que han hecho y el trabajo que les queda, un poco yo también lo pienso, pero como él dice es joven, “con 80 años no podré hacerlo pero ahora tengo las ganas y la fuerza”.

Pero Jordi va mucho más allá de su viña, no nos deja que nos vayamos sin visitar todos los puntos que le enamoran, aquellos lugares donde la vista se pierde en el horizonte y nos hace sentirnos un poco más libres. Tres lugares que para él tienen magia y le hacen sentirse libre. Tranquilo Jordi, tus secretos están a salvo conmigo, si alguien quiere descubrir que lugares son, que te haga una visita.

 

El futuro, cada vez un cuadrante más cerca

Y volviendo al inicio, a la etiqueta, que al final es lo que ve el público cuando compra la botella, divido la historia de Jordi en cuatro partes.

La primera, la que consiste en su llegada al mundo, la que nos habla de cómo su abuelo despertó su curiosidad y le enseñó en parte todo lo que sabe. En muchos momentos ha salido su figura en las conversaciones y me doy cuenta que es muy importante para él.

El segundo cuadrante, toda su formación, la que le ha llevado al sitio dónde está. Esa formación que le ha hecho trabajar en otros proyectos dejando parte de su conocimiento y esfuerzo en botellas que ha elaborado para otro pero, que le han hecho estar dónde está hoy.

Ahora mismo se encuentra en su tercer cuadrante, está dibujando su propio círculo, investiga, se equivoca quizás, se vuelve a reinventar, y así un seguido de pruebas y errores que definirán sus vinos y su trayectoria más personal.

Y por último su cuarta parte, esa cuarta porción que todavía le falta por descubrir, que le hará hacerse un nombre en el futuro y que nos hará hablar de Jordi Raventós, más allá de la variedad que cultive.

Ya que estás aquí…

…. tenemos un pequeño favor que pedirte. A diferencia de otras publicaciones, no hemos puesto un muro de pago, queremos mantener nuestro trabajo lo más abierto posible. Ya te puedes imaginar por qué necesitamos tu ayuda. El periodismo de FOOD UNDERCOVER es una inversión de tiempo y recursos, pero lo hacemos porque creemos que nuestra perspectiva importa, porque también podría ser tu perspectiva. Nos gusta que no haya un muro de pago: es más democrático que los medios estén disponibles para todos y no un bien que puedan comprar algunos. Por tan solo 5 euros, puedes apoyar a FOOD UNDERCOVER, y sólo  te llevará un minuto si haces clic aquí Gracias.

Creo que siempre he llevado vino en la sangre, pero se diluyó entre ingenierías, licenciaturas y diplomas varios. Un día, sin más, toda la magia latente en mis venas fermentó, y se materializo en fotos con aquellos vinos que llenaban mis copas. Así fluyeron dos propósitos: captar la sensibilidad en una instantánea, para que una imagen valga más que mil palabras, y mostrar con mini-historias que hay más allá de lo que se ve. Cursos de cata y enología, WSET's y sommelier hicieron ya visible los que algunos no se atrevían a ver, que el vino había llegado para estar más vivo que nunca. Ahora mi objetivo es que tú conozcas y vivas, sólo con leerme, todo lo que se esconde detrás de ese mundo (in)visible, que muchos no logran (be)ver.

Creo que siempre he llevado vino en la sangre, pero se diluyó entre ingenierías, licenciaturas y diplomas varios. Un día, sin más, toda la magia latente en mis venas fermentó, y se materializo en fotos con aquellos vinos que llenaban mis copas. Así fluyeron dos propósitos: captar la sensibilidad en una instantánea, para que una imagen valga más que mil palabras, y mostrar con mini-historias que hay más allá de lo que se ve. Cursos de cata y enología, WSET's y sommelier hicieron ya visible los que algunos no se atrevían a ver, que el vino había llegado para estar más vivo que nunca. Ahora mi objetivo es que tú conozcas y vivas, sólo con leerme, todo lo que se esconde detrás de ese mundo (in)visible, que muchos no logran (be)ver.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: